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SOCIONANALISIS
COLUMNA DE OPINION DE SANTIAGO CASTRO
PUBLICADA EN EL DIARIO EL PAIS DE CALI
Crisis de identidad
Septiembre 25 de 2006
No deja de sorprender la crisis de la coalición uribista a menos de dos meses de haberse posesionado el Presidente. Germán Vargas Lleras, jefe de Cambio Radical, arremete contra el Mindefensa y el Director del DAS, anuncia que no apoyará la reforma tributaria, se acerca al Partido Liberal para intentar elegir mesas directivas del Congreso y se alía para elegir Consejo Nacional Electoral. Elección donde Convergencia Ciudadana, llamada a última hora a hacer parte de la coalición, se estrena quitándole no menos de cuatro votos a la U , lo que le resta un consejero. En este último partido, lanzan dardos al propio Juan Manuel Santos, quien fuera el jefe y fundador del movimiento. Alas Equipo Colombia se debate entre las ‘Alas' del senador Álvaro Araujo y el Equipo Colombia de Luis Alfredo Ramos. En fin, salvo el Partido Conservador, estamos ante un despelote.
¿Cómo se llegó a este punto? Lo primero es que las expectativas de disciplina férrea eran exageradas. No se puede pretender que un partido como Cambio Radical, o cualquier otro de la coalición, esté obligado a aprobar a pie juntillas las iniciativas del Ejecutivo. Hasta el disciplinado Partido Conservador tuvo que reiterarle al Presidente que no cambiaría su posición de no avalar la reelección de alcaldes y gobernadores. El otro punto es que al Gobierno le ha faltado tino en sus relaciones con el Congreso, toda vez que el grueso de la legislación no se le consulta a la coalición sino que se le entrega para su aprobación. No obstante, ha faltado identidad de las bancadas con el Gobierno. Y gran parte de la razón es que dos de las tres principales bancadas de coalición, la U y Cambio Radical, fueron creadas más como sombrillas electorales para asegurar umbral y curules, que como partidos con identificación ideológica definida. Por esto, lograr coherencia programática e identidad política tomará tiempo.
La situación del Partido Conservador es diferente y, por ende, su comportamiento. Adhirió a Uribe desde marzo del 2002, aceptando el hecho de que sus bases ya habían tomado esa decisión. Y lo hicieron, no porque “fueran más importantes los nombramientos que los nombres”, como lo afirma maliciosamente en su columna de ayer Mauricio Cabrera, sino porque vieron en él un talante netamente conservador. El conservatismo se ha visto representado ideológicamente por Uribe y, por tal motivo, lo ha acompañado no sólo en su elección y reelección sino en su Gobierno. Y eso que no le debe a él su existencia.
¿Tiene solución esta crisis? Probablemente, pero requerirá de una larga y dura sentada del Presidente con sus aliados para lograr un acuerdo sobre lo fundamental, como lo expresaba Álvaro Gómez. Si uno es aliado, puede discrepar sobre la forma, pero tener consenso sobre el fondo. Vendrán intransigencias del Gobierno, apetitos desmedidos y hasta ambiciones presidenciales de los jefes. Pero, al final, estando en el mismo barco, la coalición debe decidir si rema en la misma dirección o no. De lo contrario, el barco se hunde y sus tripulantes náufragos, difícilmente llegaran con vida a la orilla de las elecciones del próximo año.
Por último, expreso mi repugnancia por el lenguaje usado por el presidente Chávez en la asamblea de la ONU. Todo jefe de Estado legítimamente elegido, no importa que opinión se tenga de sus políticas, merece respeto en lo personal. Chávez no sólo fungió de payaso en el más sagrado recinto de la diplomacia mundial sino que, más que insultar a Bush, insultó al pueblo de EE.UU. y a sus instituciones democráticas. Además, puso en peligro la candidatura de su país al Consejo de Seguridad de la ONU y avergonzó al pueblo venezolano, que no tiene las garantías democráticas que él le critica a su enemigo, gratuitamente creado por él mismo.
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