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SOCIONANALISIS
COLUMNA DE OPINION DE SANTIAGO CASTRO
PUBLICADA EN EL DIARIO EL PAIS DE CALI
Santiago de Cali, mayo 23 de 2005.
EL NORTE DEL VALLE EN LA ENCRUCIJADA
El infortunado hecho ocurrido con el allanamiento de la Empresa Grajales S.A. y la detención de miembros de la familia, es un campanazo de alerta para que el Estado en su conjunto (hablo del Gobierno Nacional, el Departamental, las alcaldías de la región, la Asamblea Departamental y el Bloque Parlamentario) desarrolle de manera inmediata un plan de choque para rescatar al norte del Valle de la encrucijada en que se encuentra. Una encrucijada determinada por la crisis de su tradicional economía cafetera, la descomposición social producto del narcotráfico, la arremetida violenta de la guerrilla y el paramilitarismo, cuando antes no se veía ni lo uno ni lo otro, y el deterioro constante de su infraestructura vial, ahora azotada por el invierno.
No ha habido en la última generación proyectos detonantes de desarrollo y empleo, con una excepción notable: las empresas Grajales. La justicia dirá su grado de culpabilidad en los cargos que enfrentan estos ciudadanos. Ojalá puedan demostrar su inocencia, porque lejos están del perfil de muchos de los bandidos que por ahí siguen sueltos y mirando de qué manera pueden pervertir las próximas contiendas políticas. Pero más allá de su penosa situación personal, ¿qué pasará con las empresas? ¿Qué pasará con los miles de empleos que estas generan? ¿Cómo se puede asegurar su continuidad? ¿Quién garantiza la compra de las cosechas? ¿Se mantendrá abierto el único hotel de mostrar en la zona como es Los Viñedos? Las respuestas a estos interrogantes impactarán mucho más allá de La Unión y los municipios vecinos. Prácticamente deciden la suerte de una región que comprende 18 entes territoriales, con una misma identidad económica y cultural, y que conforma una parte vital de nuestro departamento.
Pero claro, como casi siempre nos da por pensar en pequeño, podríamos limitarnos a buscar cómo limitar el daño que se pueda generar. Cuando lo que debemos hacer es utilizar este insuceso para desarrollar una estrategia de choque y de emergencia para recuperarle el Norte al norte del Valle. Si nos hemos sentado con todas la fuerzas vivas para pedir un tratamiento especial para Buenaventura, ¿por qué no lo hacemos para una zona que lo necesita tanto como nuestro puerto-ciudad?
Mi propuesta es que no sólo aseguremos el funcionamiento continuado de las empresas Grajales y sus miles de empleos sino que demandemos que se aceleren las inversiones ya planificadas en el tema vial y en el aeropuerto Santa Ana de Cartago, de lejos la mejor plataforma de exportación de carga en todo el Eje Cafetero. ¿Por qué no hemos podido incursionar con más fuerza en el turismo ecológico cuando, y me perdonan los quindianos, los paisajes rurales de Riofrío, Bolívar, Versalles, El Águila y El Cairo, simplemente no tienen rival? Como tampoco tienen nuestros tres departamentos vecinos una reserva ecoturística de la magnitud y belleza del Sara Brut. ¿No será que nos ha faltado visión y solidaridad con la tercera parte de nuestros municipios vallecaucanos? ¿No será también que a la dirigencia de la zona no se le ha pasado del todo la indigestión del boom del narcotráfico en los 90?
Lo que el norte del Valle necesita en estos momentos es una acción concertada y estratégica, de corto plazo en su operación y de largo plazo en su impacto. Y es para que empecemos a pensarlo ya. Porque Valle es Valle, pero incluyendo el Norte y sus montañas, y toda una población que ha sido ejemplo de una cultura recia, trabajadora y pujante.
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