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SOCIONANALISIS
COLUMNA DE OPINION DE SANTIAGO CASTRO
PUBLICADA EN EL DIARIO EL PAIS DE CALI
Relaciones exteriores y consultas
Julio 16 de 2007
Comparto, como todos los colombianos, el sentimiento de frustración frente a los obstáculos que la bancada demócrata del Congreso norteamericano le está atravesando a la aprobación del Tratado de Libre Comercio, TLC. No es justo con los esfuerzos que hemos venido realizando en la lucha antidroga y en la protección de los sindicalistas y trabajadores de derechos humanos. Menos lo es con nuestra condición de aliados y el récord de cooperación bilateral entre ambas naciones. Pero pensar que vamos a arreglar la situación amenazando con “revisar” las relaciones, como lo ha expresado el vicepresidente Santos, es no sólo desconocer la realidad de Washington sino añadir ruido innecesario.
Lo primero que hay que anotar es que el interlocutor de la bancada demócrata no es Colombia sino el gobierno de George W. Bush, sus sindicatos y los Organismos No Gubernamentales, ONG, que ejercen influencia sobre ellos. Como en toda democracia, y como ocurrió con el tratado con los centroamericanos, será el Gobierno de ese país quien tendrá que negociar con el Poder Legislativo. No creo que lo que hagamos o digamos en este momento tenga un impacto significativo, salvo para brindar mayor información o aclarar cifras.
Ciertamente, no creo que el presidente Uribe deba por ahora asumir el desgaste de tener que responder a las preguntas inquisidoras de congresistas norteamericanos. Para eso están los canales diplomáticos establecidos. Lo que si me genera inquietud es la saturación de mensajes cuando tenemos, además de la embajadora Carolina Barco, una vocera frente al TLC como la ex ministra Sandra Suárez. ¡Demasiadas voces!
Al final, tengo la confianza que la situación volverá a su carril si no movemos el tablero demasiado. Bush asegurará los votos de su bancada. La presidenta de la Cámara , Nancy Pelosi, y sus colegas entenderán que no pueden alienar a su mejor aliado en el hemisferio por jugar política partidista. Las cifras de la notoria mejora en los indicadores colombianos, respaldadas por los principales diarios de Estados Unidos, hablarán por si solas. Y el TLC, lento, pero seguro, será una realidad.
Por último, quiero referirme a los cuestionamientos que se han hecho frente a la financiación, por parte del Estado, a unas consultas de partido con unas votaciones tan exiguas como las que se presentaron hace ocho días. Pueden tener razón a que el costo es excesivo frente a la poca participación. Pero también habría que considerar el gran avance que significa el fin del bolígrafo en las decisiones internas de las colectividades. Creo que la manera de conjugar las dos inquietudes es establecer cada dos años, y antes de cada elección, una única fecha para que todos los partidos que así lo deseen efectúen sus consultas y elecciones internas. Este año, recuerdo el congreso del Polo, la consulta liberal y ahora la consulta del conservatismo y del Polo nuevamente. Obviamente, esto tiene que cambiar.
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