SOCIONANALISIS
COLUMNA DE OPINION DE SANTIAGO CASTRO
PUBLICADA EN EL DIARIO EL PAIS DE CALI


Santiago de Cali, agosto 14 de 2006.
COLETAZOS DEL MUNDO

Los colombianos nos asombramos con los acontecimientos que sacuden al mundo; las guerras, las hambrunas, los actos terroristas, etc. Nos olvidamos tal vez que de eso tenemos acá en mayor o en menor medida, pero de manera permanente durante casi toda nuestra historia. Y aun así, hemos crecido y nos hemos desarrollado, acuñando lo que se ha llamado el “milagro colombiano” que se refiere a prosperar en medio del conflicto. Pareciera que nos impactara mas lo que sucede en los mercados mundiales, tanto financieros como comerciales, que lo que padecemos al interior. Si es así, esperemos entonces que el mundo resulte ser tan inmune como nosotros a lo que está ocurriendo a nivel global que es realmente preocupante. Toda una cadena de hechos y situaciones que podrían poner al planeta al borde de conflictos que repercutirían mucho mas allá de sus fronteras y de cuya influencia no podría escapar ni siquiera la parroquial Colombia.

Empecemos por el vecindario. Por un lado tenemos a Venezuela gobernada por un mandatario inestable y autoritario, que soporta a Uribe, pero se siente cercano a las FARC y a un etéreo proyecto hemisférico de izquierda. Se retira de la Comunidad Andina de Naciones, y entrega la Cancillería a Nicolás Maduro, uno de los elementos más radicales y agresivos contra Colombia. Esto en lo que se refiere a nuestro segundo socio comercial. Por otro lado está Estados Unidos, en víspera pre-electoral, con un electorado cansado tras ocho años de hegemonía republicana, que podría terminar el próximo Noviembre. Lo que podría ser solo cuestión de su política interna de no ser por los profundos reparos que manifiestan constantemente los demócratas frente a los Tratados de Libre Comercio y frente al Plan Colombia, que aporta a nuestras Fuerzas Armadas y de Policía, la bobadita de casi dos billones de pesos anuales.

Sigamos con el Medio Oriente. Hasta ahora podemos afirmar que los conflictos en Irak y Líbano, lamentables en pérdidas de vidas humanas, nos han ayudado económicamente, al disparar los precios del petróleo, nuestro principal producto de exportación. Pero que pasaría donde se desate una guerra frontal de Israel y Estados Unidos contra Irán, se interrumpan los flujos de crudo y se disparen aún mas los precios. La respuesta es inflación y recesión en Europa y Norteamérica, nuestros principales mercados, y por ende, recesión o estancamiento en nuestro país.

Otro punto caliente es el Extremo Oriente, donde un dictador lunático y megalómano como Kim Il Jung en Corea del Norte, parece poseer media docena de juguetes nucleares, capaces de borrar a Seúl del mapa y de amenazar a Tokio, dos inmensamente pobladas metrópolis del mundo, que a la vez son dos de sus principales centros financieros. La economía mundial no podría aguantar este doble impacto y su desplome sería incalculable. Por último, parece que hasta la naturaleza conspirara, a juzgar por el incremento de tormentas, tornados y tifones, que amenazan crecientemente cuencas vitales como la del Caribe y Atlántico Sur, y la del Mar de China y Japón.

Aclaremos eso si, que hablamos de peores y no de probables escenarios, con la excepción tal vez de nuestro vecindario. Pero el hecho es que hay suficientes elementos de volatilidad e incertidumbre a nivel global para adoptar, desde el gobierno y el sector privado, políticas prudentes de riesgo y de inversión. No apostaría yo a crecimientos superiores al 5%, o Plan Colombia y TLC asegurados, o inversión extranjera sostenida o aumentada. Increíblemente, ahora que el país parece ir mejor, el mundo parece patinar.

 

 

 

SOCIOANALISIS

Santiago de Cali,
julio 31 de 2006.
470 Años y 20 Años Atrás

Recuerdo muy bien la celebración de los 450 años de Cali. Tengo grabada la imagen de la camiseta con cuatro cuadros en el frente en que estaban la “negra de los chontaduros”, la Ermita, la pareja de salsómanos, y las Tres Cruces. La ciudad crecía a pasos agigantados y casi alcanzaba a Medellín para convertirse en la segunda ciudad de Colombia. Los ciudadanos hacían cola para tomar el bus y nos autoproclamábamos como la capital del civismo. Los paseos a los charcos del Pacífico y las excursiones a Pico Loro en Los Farallones (vedados todavía) eran frecuentes entre la élite y la clase media. Se sentía un ambiente de optimismo y prosperidad. Ambiente que muchos miran hoy con nostalgia para afirmar cuanto se ha deteriorado la ciudad y porque las cosas eran mejor antes que ahora.

¿Pero era así la realidad? ¿Por qué no les preguntamos a los habitantes de Aguablanca que en ese entonces no tenían servicios públicos,calles pavimentadas, colegios, puestos de salud, ladrillo en sus paredes o tejas en sus techos? ¿Y cual era la moral imperante cuando los “traquetos criminales” de ahora eran unos cómicos e inofensivos “mafiosos” a los que se les vendía caro y fletaban aviones para traer en fines de semana al estudiantado caleño residente en Boston? Pero la ciudad era muchos más bonita, argumentan muchos.
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  Santiago Castro Gómez - Representante a la Cámara
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