SOCIONANALISIS
COLUMNA DE OPINION DE SANTIAGO CASTRO
PUBLICADA EN EL DIARIO EL PAIS DE CALI


A propósito del Gobernador
Febrero 12 de 2007

No voté por Angelino Garzón y, siendo políticamente de centro-derecha, estoy algo alejado de su posición de izquierda. Por eso me sorprendió que la columna de María Isabel Rueda en la revista Semana, que pretendía acabar con el Gobernador, me causara indignación. Caí en cuenta, en ese momento, que me gusta Angelino. Y me gusta no sólo porque en líneas generales ha hecho un buen gobierno sino porque como persona me parece honesto, transparente y asequible.

Empecemos por lo fiscal. En tres años los ingresos del departamento han crecido 33%, de 778.000 millones a 1 billón, mientras su deuda ha disminuido en 35%, de 674.000 millones a 437.000 millones. Al contrario de la Alcaldía de Cali, no hemos escuchado de robos, chanchullos y otros escándalos. Y pasando a lo político, nadie en el Valle cree que Angelino estaba detrás de los ‘pasacalles racistas' contra ‘Kiko' Lloreda. Es más, fue uno de los primeros en denunciarlos, y con qué vehemencia.

En el frente nacional, difícilmente ha encontrado el gobierno de Álvaro Uribe un mandatario más dispuesto a trabajar conjuntamente programas y proyectos de toda índole. Y sobre el tema de seguridad, soy testigo de la estrecha colaboración que mantiene el Gobernador con las Fuerzas Armadas y difícilmente se le puede achacar a su gestión las bajas de una guerra contra un fenómeno como el narcotráfico, que se origina a nivel nacional y global, pero que tiene como uno de sus principales campos de batalla el Valle del Cauca.

Que ha cometido errores, claro que los ha cometido. El litigio de la vía a Candelaria le salió caro al Valle por su intransigencia. Y es cierto que aparece mañana, tarde y noche en Telepacífico, pero al fin y al cabo es su derecho a informar sobre su gestión. Hay otros que opinan lo mismo de los consejos comunitarios del Presidente. En cuanto a su mensaje, no he advertido “intolerancia extrema” como aduce la columnista. Su discurso, que algunos califican como ladrilludo, es coherente con su formación política, que nunca ha negado. Puede que compartamos o no su mensaje, pero no dejo de admirar en él una capacidad permanente de trabajo transparente.

Pasando al escenario nacional, quiero referirme al enfrentamiento verbal entre el Presidente y sus opositores. Si bien es cierto que uno quisiera ver a Uribe en una posición mas presidencial, también es cierto que él, y sólo él, puede y debe responder a acusaciones personales o contra su familia. Acusación que vino primero del senador Petro y que resultó ser falsa toda vez que la Fiscalía se abstuvo de acusar al hermano del Presidente. En lo político, el Gobierno tiene que desplegar escuderos que respondan, y con fuerza, a un debate que resulta normal en el devenir de una democracia.

Por último quiero, después de haberle hecho varias críticas en esta columna, felicitar a la Corte Constitucional por haber reconocido los derechos patrimoniales de las parejas homosexuales. Ya era hora que una minoría importante del país empezara a tener las mismas garantías que el resto de los colombianos. Queda pendiente el proyecto de ley que cursa en el Congreso, trabajar en los temas de seguridad social como afiliaciones amparadas a regímenes de salud y de pensión.

 

 

SOCIOANALISIS

Santiago de Cali, Enero 29
de 2007
Miedos y verdades

No va a ser fácil juzgar a quienes estamparon su firma en el documento de Ralito con el propósito de ‘refundar' la patria. Tendría uno que conocer a fondo la dimensión del fenómeno paramilitar en la Costa, cómo se originó, el grado de influencia que alcanzó, y asimismo, la cuota de responsabilidad que le compete al Estado colombiano, no sólo por haberlo alentado en sus inicios a través de algunos sectores aislados de las Fuerzas Armadas, sino también por haber dejado vastos sectores de la población completamente a merced de la guerrilla, y obligados a defender, por su cuenta y riesgo, su vida y propiedades. En algún momento tendremos que incorporar a la Ley de Justicia y Paz a los miles de ganaderos, campesinos, empresarios, y porque no, políticos que colaboraron con estos grupos ilegales. Primero, porque no se entendería que el que le pagó a Mancuso por protección recibiera una condena mucho más larga que el mismo capo. Segundo, porque no habría cárceles suficientes en Colombia para albergar a tanta gente. Dicho esto, debo afirmar que no me convencen las afirmaciones de los congresistas implicados, que recurren al miedo como justificación a sus actos.
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  Santiago Castro Gómez - Representante a la Cámara
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