| |
SOCIOANALISIS
COLUMNA DE OPINION DE SANTIAGO CASTRO
PUBLICADA EN EL DIARIO EL PAIS DE CALI
La carta de Íngrid
Diciembre 10 de 2007
Conozco a Íngrid Betancourt. Fuimos amigos en nuestro primer período en la Cámara de Representantes, cuando juntos nos enfrentábamos a Samper y sus esbirros en el Proceso 8.000.
Como colega era dulce y cálida y admiraba su arrojo y valentía. Por eso lamenté mucho su secuestro. Pero tengo que confesar algo y es que cuando pensaba en su lamentable situación una parte escondida de mi pensaba “¿pero por qué se lo buscó?” o me repetía con rabia “pero si todo el mundo le dijo que no fuera…”.
Ahora, después de ver su imagen delgada y demacrada, con su mirada clavada en el suelo con determinación, y la carta a su madre capaz de derretir el más duro de los corazones, nada de eso importa porque ya ni lo pienso.
Lo único que pienso es que no hay derecho a que eso le suceda a nadie en el mundo; esa vejación, ese confinamiento cruel e inhumano, la podredumbre del cuerpo y la aniquilación del alma, el “desperdicio lúgubre del tiempo”, como lo llama Íngrid.
Pero ahí está ella, aun en su dolor y en su desesperanza, dando en su carta un desgarrador testimonio que quedará impreso en la memoria del mundo como un testimonio de amor a su madre, a sus hijos y a Colombia y Francia, sus dos patrias.
Pero también es un testimonio de infamia para la guerrilla de las Farc; de su infinita crueldad y sevicia, de su inhumano uso de los secuestrados como ‘fichas' en su macabro juego para lograr despejes de zonas que ella consideran vitales.
Y debo admitir que, lamentablemente, las Farc han avanzado en sus propósitos. Vastos sectores de la opinión nacional e internacional entienden la liberación de plagiados como algo que tiene ser acordado entre la guerrilla y el Gobierno Nacional y, por ende, responsabilidad de ambos.
Nos olvidamos todos que la suerte de estos compatriotas depende casi exclusivamente de sus captores, quienes pueden darles la libertad en cualquier momento con solamente un cambio de su perversa y criminal voluntad.
Creo yo que ya es hora de que se reconozca el inmenso esfuerzo que ha hecho el presidente Álvaro Uribe Vélez en busca de un intercambio humanitario que, en últimas, no depende de él.
Es hora también de que en Colombia y en el mundo enfoquemos las marchas, las protestas y los carteles hacia las verdaderas culpables: la guerrilla de las Farc.
Las mismas Farc que Íngrid condena y que le “niegan o le quitan todo”. Las mismas Farc que le han erosionado el alma y robado la esperanza tanto a ella como a miles de secuestrados y a sus familiares.
Ya el presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, entendió cuando se dirigió a ‘Manuel Marulanda' y lo responsabilizó a él directamente.
Es hora de que el resto del mundo también lo capte y lo entienda; la liberación de Íngrid Betancourt y de todos los secuestrados depende y es responsabilidad solamente de la guerrilla de las Farc.
|
|