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SOCIONANALISIS
COLUMNA DE OPINION DE SANTIAGO CASTRO
PUBLICADA EN EL DIARIO EL PAIS DE CALI
Sobre las encuestas y los medios
Mayo 07 de 2007
Podría uno llenarse de motivos para no creer en las encuestas en la opinión. Recuerdo que un precandidato a la Alcaldía , entonces candidato al Congreso, me advirtió el mismo día de las elecciones que él se ubicaba de tercero en las encuestas y que yo no figuraba. A la postre el personaje no salió elegido y yo tuve la fortuna de sacar la primera votación para la Cámara. Ahora bien, hay encuestadores de encuestadores y comúnmente se dice que las gana quien las paga. Con todo y eso, es innegable que un buen sondeo, realizado por encuestadores serios, constituye una invaluable herramienta para tomar el pulso a la opinión.
Por esto me ha causado gran impacto la reciente encuesta de Invamer-Gallup, donde el presidente Uribe se trepa diez puntos hasta un nivel de aprobación del 75%, después de todo el palo recibido por los medios a raíz del debate de Petro (quien subió catorce puntos, pero en desaprobación), el desplante de Gore y la fría recepción de los demócratas en Washington. Estos mismos puntajes los corrobora, casi exactos, un sondeo de Yanhaas, que le otorga 73,5% de aprobación.
Y si uno compara estos resultados con una cobertura negativa casi continua por parte de los medios (con contadas excepciones) al presidente Uribe y su gobierno, uno se pregunta qué tan orientadores de la opinión éstos siguen siendo. O qué tan escéptica de los medios se ha tornado la opinión. ¿Será que el caso de nuestro mandatario es un caso excepcional de efecto teflón o será que se ha creado una brecha de credibilidad entre la ciudadanía y los medios?
En mi opinión, no existe tal brecha, y ésta se crea sólo cuando los medios insisten en vender una imagen que la ciudadanía no percibe. Por ejemplo, y tomemos el caso del gobierno Uribe, quien leyera los titulares de los últimos meses pensaría que el país entero vive una profunda crisis. Sin embargo, el ciudadano común lo que percibe es una realidad de seguridad y prosperidad creciente. La opinión lee a docenas de columnistas atacando al Presidente, a quien ve después presidir un concejo comunitario de doce horas continuas resolviéndole problemas a la comunidad. ¿A quién cree que le creen más?
En conclusión, yo sí creo en las encuestas de opinión, no como brújula de navegación que niegue a los forjadores de políticas públicas su propia opinión y su propio carácter, auténtico y genuino en algunos casos. Creo en ellas más como un mapa que permita conocer tendencias y dinámicas que deban ser tenidas en cuenta y que sirven para orientar e informar a una ciudadanía.
Pasando a nivel local, esas mismas encuestas le dan una desaprobación del 76% al alcalde de Cali, Apolinar Salcedo. Ad portas de la próxima campaña, esto tiene un efecto muy grande, ya que quien represente algo muy diferente al mandatario local y muy cercano al presidente Uribe, tendrá una gran ventaja en la opinión. No es de extrañarse entonces por qué Kiko Lloreda lidera todos los sondeos hasta el momento. Lo que sí extraña es que candidatos que ni siquiera registran hasta ahora, todavía crean que esto apenas está empezando y que en seis meses pueden remontar 50 puntos para ganar una elección.
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SOCIOANALISIS
Santiago de Cali, Abril 23 de 2007
Felicitaciones senador Petro
Llevaba el Polo más de cinco años buscando, infructuosamente, cómo atravesar la impenetrable armadura del presidente Uribe. Atacaban sus políticas, sus funcionarios y sus resultados. Y nada pasaba. El pueblo colombiano de todos los estratos, razas y regiones, agradecido con la ostensible mejora no sólo en su seguridad, sino en su prosperidad y bienestar, no le bajaba el respaldo del 70%. Fue entonces cuando se le ocurrió al senador Petro y a buena parte del Polo una brillante idea: trasladar su campaña de desprestigio a las esferas internacionales, a oídos de un público más ingenuo y menos informado. Y lo encontró en Al Gore, ex vicepresidente norteamericano, gurú del calentamiento global y posible contendor para las próximas elecciones de ese país.
Quisiera primero recalcar el absurdo que cabezas visibles del Partido Demócrata de los Estados Unidos tengan oídos para este Senador. Deberían, primero, repasar su diatriba consistentemente agresiva, desde la Presidencia de Bill Clinton, cuando llegó al congreso, no contra el Partido Republicano o contra George W. Bush sino contra Estados Unidos en general, su pueblo, su cultura, sus valores y su historia. Esto y su cercanía y apoyo a regímenes autoritarios y antidemocráticos como el de Chávez, son cosas que deberían valorar los congresistas norteamericanos Edward Kennedy y Nancy Pelosi, entre otros.
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