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SOCIONANALISIS
COLUMNA DE OPINION DE SANTIAGO CASTRO
PUBLICADA EN EL DIARIO EL PAIS DE CALI
Santiago de Cali, junio 6 de 2005.
NAVARRO Y URIBE, A LA SEGUNDA VUELTA
Bienvenida la candidatura presidencial de Antonio Navarro. Es más, sería ideal que el Polo Democrático, en cabeza de su candidato, llegara a la segunda vuelta. Y no es que no quiera que el presidente Uribe tuviera un triunfo contundente en la primera vuelta. Pero qué gran indicador de madurez política significaría para nuestra democracia tener, por tres semanas, un intenso y apasionante debate de ideas e ideologías distintas. Qué edificante para el electorado apreciar, evaluar y decidir sobre dos propuestas que seguramente serán antagónicas y distinguibles. Qué inmenso reto para los partidos políticos tener que ubicarse claramente dentro del espectro ideológico, sin ataduras de filiaciones o compromisos de gobernabilidad.
Lo primero que habría que destacar es que la izquierda colombiana finalmente está competente para irrumpir con fuerza en el escenario nacional. No como el fugaz destello del M-19 durante la Asamblea Nacional Constituyente, sino como una fuerza identificada y unida (si es que suman a Alternativa). Pero más importante, como una fuerza que ya tiene experiencia en gobernar, y desde posiciones tan importantes como la Alcaldía Mayor de Bogota D.C. y la Gobernación del Valle. En fin, ya no están biches... vamos a ver si están maduros.
Pero los autoexámenes más profundos de una segunda vuelta con estos candidatos serían para los partidos políticos tradicionales. ¿Cómo queda el Liberalismo Oficialista? Lo lógico sería que apoyaran a Navarro, toda vez que comparten su afiliación socialdemócrata. Pero esto forzaría a una ruptura con el ala derechista de la colectividad que ya se viene dando desde la pasada candidatura de Álvaro Uribe. En mora de darse, ya que no queda claro cómo puedan compartir una misma plataforma, Piedad Córdoba con Gaviria o Peñalosa. Ya sé que en los partidos hay matices, pero ¡por Dios! no de un extremo del espectro a otro.
No se salva tampoco el Partido Conservador, aunque su reto es distinto. Si bien su militancia y dirigencia es más homogénea ideológicamente, ya que se mueve entre el centro y la derecha, tiene un grave conflicto entre afinidad e identidad. Por afinidad se espera que esté al lado del presidente Uribe desde la primera vuelta. Al menos, es lo que siente la gran mayoría de su base. Pero ¿Cómo mantiene su identidad sin presentar candidato propio y apoyando un candidato que dice ser liberal? Sin duda su reto es aprovechar el estado de pensamiento conservador, que es mayoritario ahora en la opinión, y lograr vender la idea de estar con Uribe sin ser de Uribe.
Y ni hablar del uribismo como fuerza política. Si alguna vez logran organizar el salpicón de fuerzas que lo componen, ¿cómo se posicionarán en el espectro político? ¿Serán capaces de que no los ubiquen en la extrema derecha? ¿Y si van por el centro o la centro-derecha, cómo competirán con el Partido Conservador, fuerza que se ha mostrado más coherente y solidaria con Uribe que ellos mismos?
En realidad es fascinante el escenario planteado. Uribe, claramente de derecha, ayudado por su carisma personal, siendo evaluado por la gestión y los resultados de su gobierno, y haciendo campaña de la mano de un Partido Conservador que no es el suyo. Navarro, claramente de izquierda, con posibilidades de ganar, evaluado también por la gestión de sus gobernadores y alcaldes, y apoyado por un Partido Liberal al que en el pasado combatió. Qué bella es la democracia y qué tan lejos hemos llegado.
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