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SOCIOANALISIS
COLUMNA DE OPINION DE SANTIAGO CASTRO
PUBLICADA EN EL DIARIO EL PAIS DE CALI
Horror y barbarie
Julio 02 de 2007
“Aun si fuera cierto que murieron en fuego cruzado, las Farc son responsables de haberlos puesto en peligro al tenerlos en cautiverio”. Con esta afirmación de Human Rights Watch, ONG que ha sido implacable con el gobierno de Álvaro Uribe, quedó sentenciada la única responsabilidad de ese grupo guerrillero y narcoterrorista en el más sangriento magnicidio de secuestrados que se haya cometido hasta el momento. El dolor y la tristeza para todos los familiares de los once diputados masacrados deben ser inimaginables después de más de cinco años de espera. Nunca, durante todo este tiempo, estuvieron libres y en paz, y no volvieron con vida. Sólo queda esperar que con la poca humanidad que les queda, las Farc devuelvan sus cuerpos para su cristiana sepultura.
Con estos hechos, el país debe creer que el único obstáculo para la libertad de los secuestrados por las Farc, el ELN o las AUC, es la voluntad de esos grupos subversivos. Ahora más que nunca, creo que la idea del intercambio humanitario es aprovechada por las Farc sólo para conseguir ventajas estratégicas, sin ninguna intención real de liberar a los plagiados. Los tiene como un as bajo la manga que nunca suelta para presionar concesiones constantemente. ¡No hay derecho a que jueguen con la vida y la libertad de las personas de esa forma! El sargento Pablo Emilio Moncayo lleva nueve años y medio secuestrado y en este momento se calcula que existen más de tres mil colombianos en iguales condiciones. Si las Farc quisieran de verdad un intercambio, bastaría un pequeño corregimiento y dos semanas para coordinar la logística de entrega de retenidos. Ciertamente, no necesitan de dos municipios extensos, ricos y prósperos como Florida y Pradera, a menos de una hora de una ciudad como Cali.
Por otro lado, merece resaltar cómo ha evolucionado el secuestro en los últimos años. Hemos pasado de 3.532 secuestros en el 2001 a 184 secuestros en lo corrido de este año, lo que constituye una disminución de más del 90%. Prueba esto que la política de seguridad democrática es el mejor antídoto contra este crimen, evitando así añadir más nombres a esta tenebrosa estadística. Mal haríamos entonces al detener o recortar operaciones militares de la Fuerza Pública sabiendo que sólo se alimentaría el accionar terrorista de estos grupos.
Ahora bien, parece que a las Farc poco le importa la opinión pública o el derecho internacional humanitario. Pero a nosotros sí y como país, necesitamos saber que estamos vivos y solidarios. Por ello, quiero invitar a participar en la marcha que se efectuará este jueves en todas las ciudades de Colombia para condenar el asesinato de los once diputados vallecaucanos y exigirle a las Farc y a todas las fuerzas ilegales que liberen a nuestros compatriotas secuestrados. Si ellos no captan el mensaje, el mundo sí y nosotros también. ¡Todos a marchar! |
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